Sucedió hace unas semanas, una noche lluviosa como tantas otras en los últimos meses. Popy, una caniche, y Toby, un salchicha, hostigaban a un sapo en el jardín. Nunca se había visto un batracio en esa casa de la zona norte de San Miguel de Tucumán. Quizá la abundancia de tormentas y de inundaciones alteró la fauna tucumana el pasado verano. Cuando los perritos echaron al intruso regresaron al interior de la vivienda, sólo que la caniche expulsaba espuma por la boca. “¡Papá, la Popy tira espuma, eso es grave!”, grito Lola, una niña experta en la materia y suscripta a cualquier lista de mascotas en las redes, al punto que desde chiquita repite que cuando sea grande quiere ser “dotora de animalitos”. Su papá intentó tranquilizarla y restarle importancia al incidente. “No pasa nada, los perros siempre juegan con los sapos, no son peligrosos”. Pero ella insistió: “¡No papá, yo vi que el sapo argentino es tóxico y si a los perros les sale espuma es grave!”. Minutos después la caniche hacía ruidos muy extraños y media hora más tarde estaba muerta.

Los gritos desgarradores de Lola llegaban hasta el cielo. Hay pocas cosas más estremecedoras que ver a un niño perder a su mascota entre sus brazos. El papá lloraba junto con ella tratando de consolarla, apenado y con mucha culpa por haber subestimado la situación.

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“Es mucho más común de lo que la gente cree. Llegan bastante seguido perritos con el mismo cuadro, sobre todo a la guardia nocturna y en épocas de lluvia. En algunos con síntomas leves y otros más graves, con afecciones cardíacas, en estado comatoso, o en el sistema nervioso, como convulsiones, es necesaria la internación”, explicó una hora más tarde de la tragedia la veterinaria Sofía Lescano, donde Lola y su papá habían llevado a los perritos: la caniche -ya sin vida- y el salchicha, por precaución, aunque no presentaba síntomas.

El “sapo argentino”

Lescano explicó que es muy importante la anamnesis, la entrevista inicial que se realiza para determinar un diagnóstico más preciso. “En general son perros que han tenido contacto con la bufotoxina” (la intoxicación más recurrente que reciben en las guardias). Vulgarmente se conoce como ‘el sapo argentino’, que son los más comunes, de la familia de los Bufonidae (de allí el nombre de bufotoxina) y afecta a todos los perros, sin importar el tamaño, aunque todo depende de la cantidad de toxina que hayan ingerido y los animales más pequeños tienen más posibilidades de cursar cuadros graves”, describió la veterinaria.

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Aclaró que nunca han recibido gatos, porque los felinos no cazan sapos, son más precavidos, más meticulosos y evalúan muy bien a sus presas antes de acercarse. “Los perros son más curiosos y huelen, lamen o muerden a los sapos, pero más para jugar que para cazarlos”, contó Lescano.

¿Qué hacer si un perro ha tenido contacto con un sapo, rana o cualquier especie de este tipo y segrega saliva en exceso (baba)? “Lo primero que hay que hacer es lavarle bien la boca, si es posible con una manguera o lo que se tenga a mano, las encías, la lengua, todo el hocico, y no dejar que trague el agua. Porque cuando pasa esto ellos quieren tomar agua y eso hace que ingrese más toxina al organismo. Y luego ir lo antes posible a una veterinaria”, explicó Lescano.

“Otro dato importante es que no deben administrarse medicamentos que tenemos en casa como paracetamol, ibuprofeno, etcétera, o darles leche, que mucha gente cree que sirve para las intoxicaciones. Todo esto sólo agravará el cuadro”, advierte.

Otras especies peligrosas

Tanto Lescano como el veterinario Javier Toranzos -también consultado por LA GACETA- coinciden en que no está mal tener en casa algún corticoide para estas emergencias. Es lo primero que se aplica en este tipo de intoxicaciones, y luego otra serie de medicamentos, según el diagnóstico y la gravedad.

Toranzos aclaró que hay un sinnúmero de especies, no sólo de sapos y ranas, sino de otros animales o insectos que pueden afectar a las mascotas. Víboras, arañas, abejas, avispas, alacranes, caracoles gigantes, entre varios otros. Para algunos casos se aplican medicamentos (corticoides, anticonvulsivos o antihistamínicos) y en otros, como las víboras o arañas, antídotos (bivalentes o trivalentes). El especialista afirmó que además de los síntomas muscarínicos (espuma por la boca) puede haber convulsiones, problemas respiratorios o cardíacos, sangrados, vómitos, diarrea, pupilas dilatadas o erupciones en la piel. “También depende de la salud preexistente del animalito. Algunos pueden ser alérgicos a alguna sustancia o más sensibles que otros. Es por eso que no es tan simple el diagnóstico, hay que considerar las dos cosas (tipo de toxina o veneno, cantidad ingerida y estado y tipo de mascota) y son muchas variables”, indicó Toranzos, y admitió que en las guardias están más habituados a tratar con estas urgencias.

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Toranzos desmitificó aquello de “la orina de sapo”. “No es la orina, como suele creerse; las toxinas están en lo que sueltan por la piel cuando se sienten en peligro”, explicó.

Lescano precisó que otra forma de intoxicación es el contacto de las mascotas con venenos fosforados que utiliza el hombre y que un perro puede ingerir al lamer una pelota o cualquier otro objeto en un jardín o por una pipeta mal colocada, por ejemplo, y que una perra que acaba de parir, sobre todo si es primeriza, puede sufrir hipocalcemia y presentar un cuadro similar al del contacto con la bufotoxina.

“Tampoco hay que demonizar a los sapos, son animalitos muy importantes para el equilibrio del ecosistema, sólo hay que estar bien informados, estar precavidos y saber qué hacer en cada caso”, concluyó la veterinaria.